June 20, 2009 at 23:50 · Filed under Arquitectura de Computadores, Cultura
“The terms big-endian and little-endian derive from Jonathan Swift‘s 1726 satirical novel, Gulliver’s Travels. In the novel, the fictional Lilliputians‘ major political issue is whether eggs should be cracked open on the big end or the little end. Those who favor the big end are big-endians, whereas those who favor the small are little-endians.
The similarity between the Lilliputians and our big-endian versus little-endian debate is that the argument is rooted deeper in politics than technical merits.”
Procede del libro Linux Kernel Development, de Robert Love.
Capítulo 19: Portabilidad (2ª edición)
Update: Por cierto, se me olvidó poner esto de la misma fuente, está muy elegante (sirve para saber el endianness de la máquina donde se ejecuta):
int x
=1;
if(1==*(char*)&x) {
/* little endian */
}else{
/* big endian */
}
October 31, 2008 at 20:03 · Filed under Ciencia, Cultura, Libros
Cito de Viva la Ciencia, por Antonio Mingote y José Manuel Sánchez Ron (Editorial Crítica):
Además de sus contribuciones científicas. la Revolución Científica nos dejó una serie de innovaciones, no sólo de ideas, teorías y boservaciones, sino también de comportamientos y mecanismos que resultaron esenciales para el avance científico. Nos estamos refiriendo a las asociaciones profesionales.
Las ideas científicas pueden surgir en ocasiones en escenarios solitarios. [...] Pero, tomada en su conjunto, la actividad científica requiere de instituciones en las que los científicos reciban educación especializada, realicen sus experimentos, intercambien ideas y publiquen sus trabajos. Y fue durante la Revolución Científica cuando se crearon instituciones que sirvieron a estos fines: las primeras sociedades científicas realmente significativas y estables.
En la Europa del siglo XVI proliferaron las universidades. Podemos hablar de ellas, y con razón, como centros de saber. Pero es ésta una denominación un tanto equívoca eran, sobre y por encima de todo, centros de enseñanza, y, de hecho, sus planes de estudios y división en facultades se mantuvieron estáticas durante siglos. Se necesitaba otro tipo de centros para que la ciencia pudiese desarrollarse verdaderamente: las academias y sociedades científicas.
El texto acerca de las Sociedades Científicas sigue, pero creo que es suficiente. Por alguna razón me ha recordado a los hacklabs y medialabs: a los laboratorios de andar por casa donde se pueden desarrollar ideas en colectividad.