Stop the numbers game (II)
En el artículo anterior hablé sobre un paper de David Parnas acerca de cómo evaluar la calidad de un investigador.
Ese artículo iba orientado a explicar su opinión. Ahora pretendo dar mi visión del asunto, muy limitada por mi condición de estudiante.
Precondiciones
Parto de la base de que la investigación científica forma parte del progreso social. No es un pasatiempos, al menos en lo que al nivel institucional respecta. No considero que el Estado deba invertir una pasta en que una serie de personas maten el tiempo encerrados en un laboratorio. Probablemente las empresas con su capital privado tampoco lo consideren.
Sí considero que se debe de invertir el suficiente dinero en investigaciones que a medio o largo plazo vayan a originar (o puedan hacerlo) un progreso para la sociedad (¿qué se entiende por progreso?).
Por esta finalidad eminentemente social de la investigación considero que la transmisión de conocimiento es crucial. De nada sirve invertir tiempo, esfuerzo y dinero (público o privado, me es igual) en investigar, si luego el conocimiento generado no se transmite apropiadamente. Si se investiga no es ni para matar el tiempo, ni para que el producto(s) de esa investigación se quede cogiendo polvo en una estantería.
Por ello veo necesario asegurarse de que las publicaciones científicas presentan un buen volumen de información, pero también de información valiosa. Es decir, calidad y cantidad.
Hasta ahí creo que habíamos llegado todos. El problema se presenta cuando tenemos que optar por más cantidad que calidad, o supuestamente lo contrario, publicar un poco menos, pero de mejor calidad.
¿Publicar mucho y barato o poco y caro?
Como persona relacionada con el software libre estoy bastante influenciado por la mentalidad que reina dentro de lo relacionado con el conocimiento abierto, por ejemplo, con esa idea de Release Early, Release Often.
Publicar a menudo, aunque las ideas estén poco cocinadas, a mi modo de ver, puede tener la ventaja de que se recibe realimentación mucho antes. Si en alguna parte del proceso hemos cometido un error, cuanto antes lo detectemos menor. Si en alguna parte del proceso hemos optado por una aproximación, y (digamos que) nos hemos bifurcado, tener un gran número de papers facilita volver a ese punto de bifurcación para replantearse algunas ideas que hemos estado dando por sentadas los últimos meses.
Creo correcta la idea de David Parnas de que no se puede atender sólo a la cantidad, sino también a la calidad de las publicaciones. Pero para mí, eso no significa que sólo se deban publicar papers bien maduros.
Creo útil publicar pronto y a menudo, pero eso sí, con la marca de paper verde (inmaduro). Creo que no se pueden meter en el mismo saco, ni ponderar por igual los papers verdes (casí a la altura de los apuntes de uso interno en un grupo de investigación) que los papers maduros. Publicar lo inmaduro puede arrojar bastante luz tanto a las investigaciones propias como ajenas, para llegar a evolucionar, a madurar y producir papers bien maduros. A mi modo de ver, y haciendo una analogía con la ingeniería del software: los prototipos sí deben publicarse, no sólo el producto final, pero por supuesto, alertando de su condición de prototipo.
Por mi experiencia, me parece además que ese publicar poco, pero bueno, no es tan frecuente. Más bien se acaba convirtiendo –salvo casos excepcionales– en publicar poco, y no tan bueno como se esperaba, así que no compensa.
Maquillaje
Tampoco me parece que sea hacer trampa coger un paper, darle un poco de maquillaje y volver a publicarlo en otra revista. La trampa es que para evaluar a un investigador nos guiamos exclusivamente por la cantidad de papers sin pararnos a leerlos.
Un mayor número de papers es una mayor transmisión del conocimiento, que es al fin y al cabo para lo que se desarrolla la investigación. Y eso implica más realimentación. Con cambiar las normas de los tribunales y comités para que sea obligatorio leerse los papers creo que valdría, y sería la mejor solución. El problema son los tribunales que no saben (o no quieren) distinguir entre el grano y la paja, no el exceso de paja (con algún grano).
Publicar el mínimo incremento publicable no me parece malo, ni organizar más talleres y conferencias que ponentes, siempre y cuando diferenciemos el nivel de cada ponencia.
Más que arremeter contra el conteo de papers, yo apostaría por centrarnos en diferenciar lo que es un paper serio, de lo que es un esbozo de una serie de ideas poco maduras.
¿Es correcto sólo-firmar frente a firmar-y-pulir?
Es frecuente en las universidades encontrarse profesores que apenas dedican tiempo a un trabajo de unos alumnos pero que sí firman (sólo-firman). Éstos dan a basto con grandes cantidades de alumnos. Por contra, los que pulen junto con sus alumnos el trabajo, atienden menos alumnos, pero obtienen mejor calidad.
Los primeros surgen por la falta de profesorado dispuesto a trabajar con los alumnos. Si hubiera suficiente profesorado los alumnos no dependerían de quien parasita su trabajo, pero ante la falta de profesores hay que apañarse con lo que haya, y siempre será mejor publicar algo malo, que no publicar, siempre que no vaya en el mismo saco lo bueno y lo malo (volvemos a los comités, y a su capacidad para discernir). Obviamente lo óptimo es el profesor que se lo curra y pule además de firmar.
Frente a Parnas
Comparto la opinión de Parnas de que sólo contar los papers no es buena idea, y corrompe el progreso científico. Sin embargo, discrepo con la concepción que me da la impresión que tiene de que realizar el progreso científico debe ser algo elitista, reservado a una minoría muy buena. No creo que deba de estar reservada, pero sí creo que se debe diferenciar entre los del montón, los que son buenos y los que son excelentes. Al fin y al cabo todos cooperan en el progreso, en mayor o menor medida.